Primera parte de una novela anticlerical ambientada en la Valencia rural, donde la influencia de la Iglesia en la vida política y social se representa como una red de manipulación. Con personajes simbólicos y tono combativo, Blasco Ibáñez arremete contra el dogmatismo y el fanatismo. La araña negra es más que un título: es una metáfora del poder oscuro que teje silenciosamente.